Cada vez que inmergía la punta del croissant en el café, bendecía el día en que finalmente había decidido de pasar las vacaciones de verano en Rapallo. En este inicio del siglo XX, la pequeña ciudad ligure se había convertido en una de las metas más destacadas de la buena sociedad europea, y ella, M.me Satie, después de la perdida del querido conjugue, tenia que dar más que nunca prestigio al apellido que llevaba.
Además, en Rapallo vivía su querida amiga de infancia Maria, felizmente casada con el coronel Olivieri, comandante del cuartel de los Carabineros de la ciudad.
-Por otro lado, ¡Paris en verano era insoportable! Con el calor y aquel polvo levantado por las carrozas a su pasar …- pensaba .

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